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mutaciones inesperadas en el tablero global


No se requiere de una mirada atenta para registrar mutaciones importantes que están sucediendo en el escenario geopolítico. Antiguos enemigos o adversarios, dejan a un lado las tensiones para un acercamiento estratégico, incluso con el abandono de las cautelas previas en los diseños en los cuales han estado involucrados. Es un resultado esperable de la condición hereje de la necesidad, consecuencia de cambios radicales que emite Estados Unidos.

La ofensiva arancelaria de la mayor potencia global, que regresa a la escuela proteccionista y de primacía estadounidense de la pre Segunda Guerra Mundial, está en la base de esa reestructuración. Los ejemplos se amontonan. Los últimos días de este mes, por primera vez desde 2018, el primer ministro de la India, Narendra Modi, visitará Beijing.

Ese recorrido entre dos antiguos duros adversarios, estuvo especialmente bloqueado por una batalla a palos, piedras y armas en su disputada frontera común en 2020, no el único incidente entre las dos enormes potencias nucleares. Esa relación la definió además la histórica pertenencia de India a la arquitectura de seguridad norteamericana.

Nueva Delhi integra el Quad, una alianza de espionaje electrónico junto a Australia, Japón y Estados Unidos en la región del Indo-Pacífico, con intercambio de tecnologías para la vigilancia de la República Popular. También participa, aunque no como socio permanente, Corea del Sur.

El mandatario norteamericano no parece preocupado en atender ese tipo de complejas cuestiones de areneros geopolíticos y lanzó un extraordinario castigo proteccionista de 50% de aranceles contra la India. Una promesa de quebranto para un amplio sector de la economía de la mayor democracia planetaria, con pérdidas calculadas de 48.200 millones de dólares.

Washington presiona de estos modos para que India abra más sus mercados y además no quiere que le compre petróleo de modo masivo a Rusia, que según la Casa Blanca, luego revende. El castigo desproporcionado del amigo es lo que vuelve más atractivo al adversario.

Henry Kissinger señalaba que la política internacional consiste en definir prioridades, una de ellas es mantener separados a los enemigos y mantener cerca a los aliados. Por eso viajó con Richard Nixon a Beijing en 1972 para reunirse con Mao Tse Tung, un acto de seducción sobre una de las dos potencias comunistas aprovechando que experimentaban fuertes diferencias, incluso con combates en 1969 en la frontera común.

Las diferencias, a un lado

No todo es lo que parece por cierto. China e India estaban ya en un camino para, probablemente, no reparar pero al menos convivir con sus diferencias. Los gravámenes, sin embargo “infundieron cierta urgencia” en el giro de Nueva Delhi hacia la estabilización de la relación con Beijing, al extremo de esta visita el premier a la casa del adversario chino, señalan los analistas.

Otro escenario en Asia liga con un ambicioso edificio multinacional económico y político que había construido en su momento el presidente Barak Obama. Se trata del Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP), un pacto de libre comercio entre Australia, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam. Ahí no estaba China.

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, eh Tegucigalpa, Honduras, en abril pasado. Foto EFEEl presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, eh Tegucigalpa, Honduras, en abril pasado. Foto EFE

Esa era justamente la estrategia para fortalecer la influencia occidental en ese área de importancia única. Trump, como hizo con otros convenios impulsados por el demócrata, lo abandonó en 2017. La República Popular siempre observó con interés ese emprendimiento. La diplomacia de Beijing ha venido gestionando afiliarse desde comienzos de esta década. Pero Japón, entre otros aliados férreos de Washington, lo impidieron, además con el argumento de la alianza con Taiwán.

Japón, sin embargo, es otro de los países castigados por Trump con aranceles de 15% que especialmente golpean su negocio automotriz. Un dato reciente del impacto de esas políticas lo exhibe la abrupta cancelación de un planeado viaje a EE.UU. del principal negociador comercial japonés. “Seguiremos instando encarecidamente a los EE.UU. a tomar medidas para enmendar la orden presidencial sobre aranceles recíprocos lo antes posible y emitir una orden presidencial que reduzca los aranceles sobre automóviles y autopartes”, advirtió un vocero del gobierno en Tokio.

Algunos analistas, como Patrick Wintour en The Guardian, afirman que un test en este escenario será si ahora quienes se oponían permitirán a China el ingreso al CPTPP con un Japón que se replantearía sus resistencias.

Hay pistas para esa mirada. A fines de marzo, luego que Trump aumentara los aranceles a Beijing, China, Japón y Corea del Sur celebraron su primer diálogo económico en cinco años y se comprometieron a impulsar un acuerdo trilateral de libre comercio.

Politólogos como Linggong Kong, especializado en Asia, señalaron que la medida fue particularmente notable dado el esmero con el que EE.UU. se había esforzado por cultivar la confianza de sus aliados japoneses y surcoreanos durante el gobierno de Joe Biden, por supuesto para contener la influencia del gigante asiático. “Desde la perspectiva de Beijing, las acciones de Trump ofrecen una oportunidad para erosionar la influencia estadounidense en el Indopacífico”, resume con criterio este académico de la Universidad Auburn de Alabama.

En nuestro espacio aparecen ejemplos semejantes. El más significativo es la potente delegación comercial, política y empresaria que Brasil despachó a México, el antiguo competidor regional, ambos bajo el fuego arancelario de la Casa Blanca. Brasil, en especial, ha sido castigado como la India con 50% de gravámenes contra sus exportaciones a EE.UU. debido a que Trump reprocha el proceso judicial por golpismo contra su amigo, Jair Bolsonaro.

El primer ministro de China, Li Qiang, el primer ministro de India, Narendra Modi, y el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, asisten a la Cumbre BRICS, en el Museo de Arte Moderno (MAM) en Río de Janeiro, Brasil, el 6 de julio de 2025. Foto ReutersEl primer ministro de China, Li Qiang, el primer ministro de India, Narendra Modi, y el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, asisten a la Cumbre BRICS, en el Museo de Arte Moderno (MAM) en Río de Janeiro, Brasil, el 6 de julio de 2025. Foto Reuters

Esta semana llegó a la capital mexicana la delegación encabezada por el vicepresidente Geraldo Alckmin, a la vez ministro de Industria y Comercio y los jefes de la carteras de Economía, Relaciones Exteriores, Agricultura, Planificación y Presupuesto junto a 150 empresarios. Parece mucho para un comercio binacional de solo 13.500 millones de dólares el año pasado.

Pero entre otras novedades hay un acuerdo de actualización de normas comerciales en proyecto, un proto pacto de libre comercio entre los dos países que apunta a multiplicar de modo geométrico esa cifra. Desde ya Brasil es el principal interesado en abrir alternativas a su poderío económico.

Los aranceles son enormes, pero el daño aparece limitado para el gigante sudamericano. Como ya ha señalado esta columna, EE.UU. explica solo 12% de las exportaciones brasileñas. Y según analistas de UBS BB citados por The Guardian, al menos tres cuartos de las ventas del país a EE.UU entre ellas café, mariscos, textiles o jugos, podrían ser redirigidas a otros mercados, de modo que el impacto se reduciría a un 0,6% de la canasta exportadora.

Estos reacomodamientos van más allá de la cuestión comercial. El gigante sudamericano, recordemos, es uno de los fundadores del grupo BRICS, junto a Rusia, India, China y Sudáfrica. Esa organización suma ya diez integrantes y se encamina a una mayor ampliación..

Explica hoy poco más de la mitad de la población mundial y alrededor de 35% del PBI global. Brasilia y Nueva Delhi han sido aliados en esa estructura para presionar al resto de los socios iniciales e impedir que el organismo, con enorme influencia de Beijing, se convierta en un ariete antinorteamericano. Buscaron frenar que se asocie a Irán por ejemplo.

El gobierno de Lula da Silva, se opuso también férreamente al ingreso de Venezuela. Es decir, a EE.UU. le convenía mantener un vínculo fluido con Brasil y la India también en esos pasillos. Pero ahora, como en el caso de Japón y el CPTPP, se especula con que las moderaciones pueden comenzar a disolverse por aquella noción borgiana de los efectos del espanto, o dicho de otro modo, las urgencias políticas.

Estas mutaciones y su escala revelan un formato global que se ira profundizando, en tanto que resulta improbable que la ofensiva arancelaria retroceda, incluso con nuevos gobiernos en EE.UU. que dudarán en resignar el aluvión de impuestos que paga la población por los importados.

En ese panorama China, donde su presidente Xi Jinping buscará en los próximos días exhibir un potente e inevitable pulso diplomático no solo con la visita del líder indio, también del ruso Vladimir Putin y el dictador coreano Kim Jong-un, aparece como el no tan inesperado recaudador de lo que con tanto fervor resigna la mayor potencia occidental.

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